Saliendo de clase en la javeriana, en un arrebato adolecente y enamorado, me hice tatuar un delfín azul en la pocheca, en el baúl las fotos que algún día tal vez scanee y pegue en algún lado, lo muestran en sus primeros días… sonrisa a piel al lado del amigo garbanzo que hoy vive en NY.
Me lo hice por una mujer a la que amaba, que luego fue tatuada por un chico descendiente tatuatista de padre europeo; le hizo él guapo a mi amiga, un tribal en la zona lumbar… bella se veía entonces en la piscina, suspiros de ahora por quien no fue pero siempre será.
Vinieron luego de la mano de otro descendiente, los dos que tengo hace rato, este de la estirpe colombian made, me lo presentó la amiga del nombre de díos en hebreo; son los dos, el de cubrir al delfín por uno más lustroso; que ahora es rosado y más grande, el cual representa en mi cabeza el amor de la mujer rubia de los ojos indefinidos que vive lejos, de ella eran y siguen siendo mis suspiros y por si acaso... suspiro.
En el tobillo el del santo, por si ha de sacarme de la paila, al menos me pille marcada de tobillo.
Y el tercero que es cuarto ocurrió el miércoles con todos los juguetes, éste me cierra la etapa de la vida en que vivía reptado y me comienza la cosecha de los buenos pasos… entonces sonrío como a veces, mirando al dragón de la sala, escuchando a Sarah Vaughan “arround midnight”.
Reafirmando que yo soy ilichtna, es viernes y estoy en casa.
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